sábado, 30 de noviembre de 2013

Del placer de lo manual

Hola a tod@s:

Hoy las fotos están ahí para verlas pero no voy a hablar sobre ellas. Hoy me apetece hablar del placer de lo manual.

Este jueves pasado fui a un pase de diapositivas de Tokyo del fotógrafo de Onteniente Vicente Plá  en la librería Railowsky. El pase me gustó mucho y me dio varias ideas de cómo enfrentarme a la ciudad cuando vaya en Diciembre. Además allí me encontré con José Sáez y mantuve una conversación muy interesante sobre un tema bastante recurrente: ¿Por qué uso todavía cámaras de carrete?

Hacía bastante tiempo que nadie me lo preguntaba. Antes solía argumentar que la calidad del negativo no es comparable, que el rango dinámico en analógico es mucho mayor y otra serie de argumentos de tipo técnico. A día de hoy estos argumentos carecen de valor puesto que ya hay algunos equipos digitales, como la Nikon D800E, a precios asequibles que pueden competir sin complejos con la calidad de un negativo de formato medio. Así que mi respuesta fue simple y llanamente: Porque me gusta más.

Creo que la decisión de fotografiar en analógico o digital ya no es una decisión basada en aspectos técnicos, es algo puramente emocional. Al igual que un ilustrador no trabaja igual con acuarelas que con rotulador un fotógrafo no fotografía igual con cámaras diferentes. Cada cámara tiene su propio ritmo y eso se refleja en las imágenes. A mí me gusta porque es algo manual, porque puedo tocar el carrete que contiene las fotos, porque luego juego al quimicefa (gracias Eloy por este grandioso símil del revelado de fotos) y al final de todo el proceso la imagen está en mi mano.

Es cierto que me lleva tiempo revelar y escanear las fotos, pero me ahorro muchísimo tiempo de photoshop. Con carrete yo elijo el "look" de las fotos a través del carrete y ,como tengo menos cantidad de estas, el proceso de edición y selección es más rápido también. Simplemente prefiero pasar mi tiempo en la cocina con los químicos en lugar de en el despacho delante del ordenador. 

Pero el placer de lo manual también está en los pequeños detalles. Hace poco adquirí un nuevo juguete para complementar a mi Konica Hexar, cuyo modo manual es bastante infernal de utilizar, y he vuelto a descubrir el placer del modo manual. He convertido la rutina de cambiar apertura y tiempo en el juego de "acierta la exposición" y no sé cuanto me durará la ilusión pero en 2 días he quemado 2 carretes. Cualquier cosa que consiga que salgas a hacer más fotos es buena. Si con modo automático sales más porque el manual te agobia, adelante. Si la ilusión de no saber lo que va a salir en el carrete te ayuda a salir a la calle, adelante. La fotografía se entrena y cuanto más entrenes mejor fotógrafo serás independientemente del medio de expresión artística que elijas.

Un abrazo y salid a la calle :D,
Edu.




































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